No hay boda que no me emocione como fotógrafo, siempre lo he dicho…  estar en primera fila y ser testigo fiel de la unión de dos personas que un día decidieron tomarse de la mano y seguir así por el resto de sus vidas no es sencillo, hay muchas emociones y expresiones en un mismo lugar y todas al mismo tiempo.

Esta ocasión tenía un toque muy personal, era la boda de Dulce y Omar. Tuve el honor de verlos crecer como pareja hace algunos años, recuerdo la vez que él llegó tomado de su mano y la presentó formalmente como su novia a amigos y familiares, ese día tenía una sonrisa nerviosa y de felicidad, esa misma sonrisa que estaba aquel sábado 13 de mayo, el día de su boda.

Verlos ahí, frente al altar, tomados de la mano, con un anillo de compromiso, sin miedos, ni dudas, ni complejos, ni pasados, completamente seguros que debían estar juntos, todo esto me hace pensar más allá del retrato y del momento, me hace pensar en el pasado y las decisiones que cada uno fue tomando para estar ese día frente a frente vestidos de novios.

“que cada noche sea noche de bodas,
que no se ponga la luna de miel”  JS

Escrito por m3m0x

Soñador...

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